17 de octubre de 2015

El huevo de Andy Weir

'El huevo' es el primer trabajo destacado de Andy Weir, programador californiano, hijo único de padre físico y madre ingeniera eléctrica. Conocido autor gracias a la novela 'El Marciano' (The Martian), libro que ya deberías haber leído.

The Egg es un relato corto mas filosófico que científico, reproducido de forma masiva y que se hizo viral, apareciendo varias veces en la portada de Reddit,

Cuando Andy Weir comenzó a colgar sus escritos libres de derechos de autor en su blog personal, no tenía ni siquiera cuenta en Facebook, ahora se ha hecho rico con la misma literatura que antes regalaba.

La historia de 'The Martian': nació en internet y voló hasta Hollywood:


Weir tardó tres años en escribir el libro, primero se gestó como un relato por entregas publicado en su blog y después como libro autopublicado en Amazon por menos de un dólar.

Y todo comenzó con un huevo, texto que el propio autor subió a su blog y que esta traducido en 32 idiomas.

El huevo por Andy Weir:

Ibas camino a tu casa cuando falleciste.

Fue en un accidente de trafico. Nada extraordinario, pero sin embargo fatal. Dejaste atrás una esposa y dos hijos. Fue una muerte indolora. Los médicos de urgencias hicieron todo lo que pudieron por salvarte, pero fue en vano. Tu cuerpo estaba tan dañado que era mejor que mueras, créeme.




Y fue entonces cuando nos encontramos.


—¿Qué… qué pasó? —preguntaste—. ¿Dónde estoy?.

—Moriste — respondí con naturalidad. No tenía sentido medir mis palabras.
—Había un… un camión y estaba derrapando…
—Si —dije.
—¿Estoy… muerto?.

—Si. Pero no te sientas mal al respecto. Todos mueren —te respondí.

Miraste a tu alrededor. No había nada. Sólo tú y yo. —¿Qué es este lugar? ¿Estoy en el más allá?.

—Más o menos.
—¿Eres Dios?.
—Si, soy Dios.
—Mis hijos… mi esposa —preguntaste.
—¿Qué pasa con ellos?.
—¿Estarán bien?.

—Eso me gusta —dije—. 
Acabas de morir y tu principal preocupación es tu familia. Eso es muy bueno.

Me miraste con fascinación. Para ti, yo no me veía como Dios. Sólo me veía como un tipo común. O posiblemente una mujer. Una vaga figura de autoridad, quizás. Más como una maestra de gramática, que como el Todopoderoso.

—No te preocupes —te dije—. Ellos estarán bien. Tus hijos te recordarán como alguien perfecto en todos los sentidos. No tuvieron tiempo para llegar a despreciarte por algo en particular. Tu esposa llorará por fuera, pero sentirá alivio por dentro. 

Para ser honestos, tu matrimonio se estaba derrumbando. A decir verdad, tu matrimonio se estaba cayendo en pedazos. Si te sirve de consuelo, se sentirá culpable al sentir alivio.

—Oh —dijiste—. Entonces, ¿Qué pasa ahora? ¿Me voy al Cielo, o al Infierno, o algo así?.
—A ninguno —te respondí—. Serás reencarnado.
—Ah, entonces los hindúes tenían razón.
—Todas las religiones están en lo cierto, a su manera —contesté—. Camina conmigo.

Me seguiste mientras cruzábamos el vacío.

—¿Adónde vamos?.
—A ningún lugar en particular. 
Esta bien caminar mientras hablamos.

—¿Y cuál es el punto, entonces? —preguntaste—. Cuando renazca, seré solamente una hoja en blanco, ¿verdad?, un bebe. Todas mis experiencias y todo lo que he hecho en esta vida no importará.

—No exactamente. Llevas contigo todo el conocimiento y las experiencias de tus vidas anteriores. Sólo que ahora no las recuerdas.

Dejé de caminar y te tomé por los hombros.

—Tu alma es mucho más magnifica, bella, y gigantesca de lo que puedas imaginar. Una mente humana sólo puede contener una pequeña fracción de lo que eres. Es como poner un dedo en un vaso con agua para sentir su temperatura. Pones una pequeña parte de ti contra el recipiente, y cuando la quitas, habrás adquirido el conocimiento que poseía. Has estado dentro de un humano en los últimos 48 años, por lo que aún no te has extendido para sentir tu inmensa conciencia. Si pasáramos el suficiente tiempo aquí, comenzarías a recordarlo todo. Pero no tiene sentido hacer eso entre cada vida.

—¿Entonces, cuántas veces me he reencarnado?.
—Oh, muchas. Muchísimas. Y en muchísimas vidas diferentes —te dije—. Esta vez, serás una campesina china en el año 540 a. C.

—Espera, ¿qué? —tartamudeaste—. ¿Me enviaras al pasado?.
—Bueno, técnicamente, sí. El tiempo, como lo conoces, solo existe en tu universo. Las cosas son distintas de donde yo vengo.

—¿De donde vienes? —preguntaste.
—Mmm —te expliqué—. Yo vengo de un lugar, un lugar distinto. Y hay otros como yo. Sé que querrías saber cómo ese lugar, pero honestamente no lo entenderías.

—Oh —dijiste, un poco desilusionado—. Un momento. Si me reencarno en otros puntos del tiempo, puede que haya interactuado conmigo mismo en algún momento.

—Seguro. Pasa todo el tiempo. Y como cada vida sólo es consciente de sí misma ni siquiera te das cuenta de lo que realmente está sucediendo.

—¿Entonces cuál es el punto en todo esto?.
—¿En serio? —pregunté—.¿Me estás preguntando por el sentido de la vida? ¿No es un poco estereotipado?.

—Bueno, es una pregunta razonable —insististe.
Te miré a los ojos.

—El sentido de la vida, la razón por la que creé todo este universo, es para que madures.
—¿Querrás decir la humanidad? ¿Quieres que maduremos?.

—No, sólo tú. Creé este universo para ti. Con cada vida creces, maduras y te conviertes en un intelecto superior.

—¿Sólo yo? ¿Qué hay de los demás?.
—No hay nadie más —te dije—. En este universo, sólo estamos tú y yo.
Me miraste sin comprender.

—Pero toda la gente en la Tierra…
—Todos son tú. Diferentes encarnaciones de ti mismo.
—O sea que, ¿yo soy todos?.
—Ahora lo estás entendiendo —te dije, dándote una palmada de felicitación en la espalda.
—¿Yo soy cada ser humano que ha vivido?.

—Y cada humano que vivirá. Exactamente.
—¿Soy Abraham Lincoln?.
—Y eres John Wilkes Booth, también —agregué.
—¿Soy Hitler? —preguntaste horrorizado.
—Y los millones que asesinó.
—¿Soy Jesús?.
—Y todos sus seguidores.

Te quedaste en silencio.

—Cada vez que trataste injustamente a alguien, te lo estabas haciendo a ti mismo. Cada acto de bondad que has realizado, te lo has hecho a ti mismo. Cada momento de felicidad o tristeza experimentado por un ser humano fue, o será, experimentado por ti.

Pensaste por un largo rato.

—¿Por qué? —me preguntaste—, ¿por qué hacer todo esto?.
—Porque algún día, tu serás como yo. Porque eso es lo que eres. Eres uno de los míos. Eres mi hijo.
—¡Vaya! —exclamaste incrédulo—. ¿Quieres decir que soy un dios?.

—No. Aún no. Eres un feto. Aún estas creciendo. Una vez que hayas vivido cada vida humana a lo largo de los tiempos, habrás crecido lo suficiente como para nacer.

—Entonces todo el universo entero es solo…


—Un huevo —respondí—. Ahora es el momento de que continúes hacia tu próxima vida.

Y te envié hacía ella.