25 de agosto de 2014

De la cabeza de buey a la letra A

Hace unos cuatro mil años, en algún lugar de Medio Oriente - que no sabemos dónde ni cuándo, exactamente - un escribano hizo un dibujo de una cabeza de buey. La imagen era bastante sencilla: una cara con dos cuernos.


Una cabeza de toro que viajó llevada por los mercaderes fenicios, de puerto en puerto por las costas del Mediterráneo, viajes que la transformaban. Durante miles de años el dibujo de la testa de uro, cambió gradualmente a medida que encontraba en su camino símbolos de culturas diferentes: griegos, etruscos, romanos...

Sus formas se hicieron más angulosas, giró a un lado y por último se dio la vuelta, de modo que ahora descansa sobre sus cuernos. Hoy en día ya no representa una cabeza de buey, ni siquiera una consonante.

Nosotros la conocemos como la letra A mayúscula.




La Historia convirtió los dibujos en letras, las pinturas más antiguas en el alfabeto. La cabeza astada de buey pasó a ser la A, el dibujo de una casa se transformó en la B, una puerta en la D, una ventana en la E... etcétera.

Bonus Extra: Cartago y los fenicios. El origen del alfabeto y Alfabeto: la historia de la escritura

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