19 de febrero de 2014

El Club de la lucha de las moscas

¿Por qué los hombres somos más agresivos que las mujeres? Recientemente, un grupo de investigadores han encontrado indicios en los cerebros de las mosca de la fruta (Drosophila melanogaster), que pueden ayudar a entender este comportamiento.

La primera regla del Club de la lucha de las moscas es: Hay que conocer el Club de la lucha de las moscas.

David J. Anderson, neurocientífico del Instituto de Tecnología de California, creó una especie de club de lucha de la mosca de la fruta en su laboratorio, con el objetivo de comprender las raíces evolutivas de esta conducta. Y es que los machos de la mayoría de las especies son más agresivos que las hembras, pero los mecanismos neuronales que subyacen a este dimorfismo no están claras.

Gen y un pequeño grupo de neuronas en las moscas macho que controlan la agresión. A la izquierda, el cerebro de una mosca de la fruta macho y a la derecha el de una hembra.
Anderson y un grupo de colegas, partieron de la hipótesis de que los neuropéptidos, tienen un papel en el control de la agresión como lo hacen en algunos otros comportamientos fundamentales como la alimentación y el apareamiento. Y gracias a este 'Club de la lucha', han identificado un gen y un pequeño grupo de neuronas, a veces tan sólo tres, que controlan el nivel de agresión y que están presentes sólo en los cerebros de las moscas de la fruta macho. Gen que también se encuentra en los mamíferos, y se ha asociado con la agresión en algunas especies de mamíferos, incluso en seres humanos. Los científicos en un laborioso proceso, consiguieron incluso que moscas macho atacaran un objeto inanimado, como un imán.


El descubrimiento, publicado el mes pasado en la revista Cell, nos cuenta la historia de las cruentas luchas de estas moscas. Una investigación que muestra el camino que siguen algunos científicos, para llegar a demostrar cómo las neuronas controlan el comportamiento, y que nos recuerda que los humanos y las moscas nos parecemos. El 75% de genes humanos vinculados con enfermedades, tienen su homólogo en el genoma de la mosca de la fruta

Vía 1, 2, 3, 4, 5 y 6

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