25 de noviembre de 2007

Grandes historias contadas por pequeños objetos

Detrás de objetos personales aveces se esconden las historias mas increíbles. Que sirven para intentar comprender el horror de una bomba atómica , por ejemplo:


Shinichi Tetsutani, de casi cuatro años, estuvo expuesto a la radiación cuando andaba en triciclo frente a su casa en Hiroshima. Su padre lo enterró junto con su triciclo en el jardín. Lo exhumó 40 años después para trasladarlo a la cripta familiar.



Cuando estalló la bomba, Moto Mosoro (entonces de 54 años) desapareció. Su familia logró reunirse y comenzó a buscarla. Un mes después, un pariente regresó con su cabeza en un saco: tenía los anteojos fundidos en las cavidades oculares.


Kengo Nikawa, que en aquel momento tenía 59 años, quedó expuesto a la radiación mientras se dirigía en bicicleta a su trabajo en el centro de Hiroshima y murió días después. Nunca se había separado del reloj que le había regalado su hijo, Kazuo.Uno de los muchos relojes encontrados en los alrededores de Hiroshima; todos permanecen parados a la misma fatídica hora, las 8,15 h., la hora exacta de la explosión.



Numerosos estudiantes murieron cuando cayó la bomba atómica. En el Museo de la Paz de Hiroshima se armó un uniforme completo con restos de la vestimenta de tres estudiantes fallecidos: Eiichi Tsuda (13), Hajime Fukuoka (15) y Masayuki Ueda (12).


Shigeru Orimen estudiaba primer año en una escuela secundaria de Hiroshima. Tras la bomba, su madre lo buscó durante días. Lo encontró muerto entre las ruinas, con su caja de almuerzo apretada contra el pecho y sin haber probado el alimento.




Masami Tsuchiya (25 años), teniente del Ejército ingresado en un el hospital por una apendicitis a 900 metros del hipocentro. El 7 de agosto, se encontró su cadáver, convertido en esqueleto. Fue identificado sólo por el nombre de la toalla que llevaba en la mano. Estaba previsto que saliera del hospital ese día. Los prismáticos eran suyos.
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