19 de junio de 2007

La historia increíble del lápiz


Este lápiz de carpintero es el lapicero más antiguo que se conoce. Se encontró en el techo de una casa alemana del siglo XVII, y es parte de la colección privada de Faber Castell.



Tiene más de cuatrocientos años de edad y sigue siendo el utensilio más romántico para escribir y dibujar, lo que le convierte en una herramienta inseparable de algunos artistas y profesionales.

Inicialmente, esculpió y pintó en las rocas de cavernas diseños que representaban parte de la historia de la vida.

Los romanos tenían su Penicükan, que era una caña con pelos de animal recortados, también escribían con punzones de hierro sobre tabletas de cera. Luego, el lápiz con cabeza de marfil. Después hubo lápiz de plata, más tarde el mecánico de la Era Victoriana, luego el portaminas de brillante y colorida cubierta de plástico,que apareció al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Primitivos lapices de grafito con goma de borrar de pan.
Pero fue una tarde de 1564 durante una fuerte tormenta que derribó un enorme árbol cerca del poblado de Borrowdale, en Cumberland, Inglaterra, donde surgió la historia del lápiz.

Lapiceros objeto de deseo de cleptómanos.
Debajo de sus raíces apareció una masa de cierta sustancia negra de aspecto mineral, desconocida hasta entonces: era una veta de plombagina, o "plomo negro". El grafito más puro en el mundo entero, el único depósito encontrado en esta forma sólida hasta la fecha.

Los pastores de los alrededores comenzaron a usar pedazos de este material para marcar sus ovejas. Sin embargo, otros habitantes de la zona con más sentido de los negocios comenzaron a partirlo en forma de varitas, que luego vendían en Londres bajo el nombre de "piedras de marcar". Estas varitas tenían dos notables deficiencias: se rompían fácilmente y manchaban las manos y todo lo que tocaban.

Un lápiz como símbolo de protesta

Algún genio desconocido resolvió el problema de la suciedad enredando un cordel alrededor y a lo largo de la vara de grafito para ir quitándolo a medida que se la gastaba.

A mediados del siglo XVIII, las minas inglesas de grafito eran explotadas por la Corona, y servían también para la fundición de cañones, por lo que se convirtió en un mineral estratégico del Ejército Inglés, de manera que hasta registraban a los mineros de las minas de grafito para que no se llevaran escondido ni un trozo de mineral, delito que se podía castigar incluso con la pena de muerte.

La escasez de grafito en Europa obligó a buscar soluciones alternativas.

En 1750, Kaspar Faber, artesano de Baviera, mezcló el grafito con polvo de azufre, antimonio y resinas, hasta que dio con una masa espesa y viscosa que convertida en varita se conservaba mas firme que el grafito puro.

Kaspar llamaba "plomo" al grafito, un mineral de color negro agrisado, graso al tacto, compuesto casi exclusivamente de carbono y sumamente blando. Las primeras minas se fabricaron con varillas de grafito y después ante el agotamiento del yacimiento inglés se empleó el mineral sobrante de menor calidad, pulverizado y aglutinado con colas, sin que se obtuvieran buenos resultados.

Los lapices conté fabricados a partir de polvo prensado de grafito o carbón vegetal mezclado con cera o arcilla.


En 1790, el químico e inventor francés Jacques Conté, por orden de Napoleón Bonaparte se dedicó a hacer lápices. Debido a la escasez que había a causa del bloqueo naval de Francia por parte de la armada británica durante las Guerras Napoleónicas, que impedía importar grafito de Gran Bretaña, principal productor del material.


En 1795 Conté produjo por primera vez lápices hechos de grafito, previamente molido con ciertos tipos de arcilla, prensado en barras que se horneaban en recipientes de cerámica. Por último, se rodeaban de madera de cedro. Pronto se impusieron en todo el mundo.

Milton Friedman, máximo exponente contemporáneo del liberalismo, explicando el capitalismo mediante la fabricación de un lápiz, Yo, el lápiz: