18 de julio de 2007

Historias del Savoy

José Luis Alvite es un tipo que trabaja en un banco por las mañanas, escribe por la tarde y se emborracha por la noche en los antros de Santiago de Compostela.

Un tipo con esa suerte de malditismo terminal que reparte en sus columnas, en sus observaciones, en sus comentarios ácidos sobre la realidad, sobre la actualidad, impregna sus observaciones de una lucidez imposible de despejar. Que retrata lo sórdido con tal suerte de aforismos y metáforas imposibles que es un placer degustarle.

Es, ciertamente, una creación de su imaginación, una cornisa desde la que otear el mundo; un lugar donde habitan los que no esperan gran cosa de la vida, donde rigen ideales, más que ideas, donde la realidad duele menos, donde desaguar, sin pudor, los sentimientos.

Escribe desde el Savoy un lugar donde "El ambiente estaba tan cargado que casi no se veía el humo".

El Savoy

A estas alturas creo que ya todos sabemos que el jefe del Savoy es Ernie Loquasto, un tipo escarmentado por la vida que ya sólo se da prisa para perder el tiempo.

Fue él quien me dijo que «de un tipo se sabe que es tranquilo cuando entre cigarrillo y cigarrillo, aprovecha para fumar». Una madrugada y también me dijo que «un buen reloj sólo sirve para que las mujeres elogien tus modales».

Acerca del matrimonio las ideas de Ernie son relativamente pintorescas. Suele decir que «el segundo matrimonio es una manera como otra cualquiera de separar el primero del tercero». Algo parecido le escuché al jefe cuando una noche en el club se me dio por evocar paisajes.

Ernie me miró y me dijo: «¿El paisaje? Bobadas, Al. El paisaje sólo es lo que un fugitivo necesita para cambiar de ciudad».

Del ex boxeador Sony «Sweet» Sullivan os hablé unas cuantas veces. Lleva años alejado del ring pero aún conserva secuelas de los golpes. A veces se acerca al barman del Savoy y le pregunta por el andén del tren a Chicago.

En el boxeo no ahorró dinero. Gastó bastante en juergas con mujeres y dice la leyenda que un buen puñado de billetes el muy idiota los guardó en el fuego. Y cuando se dio cuenta, era un pobre diablo con el dinero justo para necesitar mucho más.

Los billetes que le quedaban dicen que los gastó en pagarle al tipo que le enseñó a contarlo. También se dice de él que el hueso más duro de su rostro es la cereza del martini.

Una madrugada me contó que en sus malos tiempos tras malgastar el dinero del boxeo, espesaba la saliva en la boca para tener algo que comer.

Dudo que sea cierto, pero también se corrió por ahí que Sony había compartido la dentadura postiza con un ex-jugador de béisbol. ¡Pobre Sony! Dice que «en los Buenos tiempos del Madison, yo era negro como carbón a oscuras pero tenía un dinero, muchacho, así que, ¡lo que son las cosas! las chicas me confundían con Troy Donahue».

Al piano suele sentarse el entrañable Larry Williams, un tipo que en los ensimismados momentos de nostalgia, toca suave como si interpretase a Gershwin con las manos en los bolsillos. Larry se casó tres veces. De sus ex esposas lo más íntimo que conserva son números de tres teléfonos cortados.


Cosas que se dicen en el Savoy:

"La familia es una enfermedad de transmision sexual"
"El éxito es el único fracaso que se puede permitir un tipo como yo"
"El ambiente estaba tan cargado que casi no se veía el humo".
"Me gustaría saber como hizo Sinatra para caer tan alto"
"Ahora el francés ya solo es un idioma que se chupa"
" La primera vez me case por la iglesia; la segunda, por lo civil; si hay una tercera ocasión será mas realista que me case por lo penal"
"Diez años en este maldito abrevadero me enseñaron que el hombre es un producto lácteo: mucha publicidad pero te jode el estomago"
"Tarde o temprano comprendes que la mejor cualidad de un hombre suele ser una mujer"
"A la edad de Sara Montiel, en cualquier mujer se comprende que el órgano mas excitante sea su bolso de mano"
"Yo no tengo datos personales; detesto la propiedad privada"
"Los ricos tienen currículums, los demás solo tenemos antecedentes"

De sus relatos, articulos, descarnadamente lúcidos, obsesivamente sórdidos, canallas y sublimes, llenos de imágenes y malabarismos verbales, de acertada expresividad, de asombrosas greguerías, diremos que la degustación vale la pena, y que no podemos sino secundar la idea de que son literatura que tiene lugar en la prensa. Sólo añadir, repetir, las palabras que el Alvite autor, narrador y protagonista de excepción del Savoy, dedica a uno de esos tipos fascinantes que paran en su local: “Al, eres un personaje, y los personajes no se merecen un reproche sino una crítica literaria”.

1 comentario:

Bolero dijo...

Hola Elzo, te he encontrado por el blog de Joako, gracias por presentarme a este gran señor
Me dá q se va a convertir en mi ídolo, peaso frases q tiene
Te leo más detenidamente
muakkkkkkkkkkkkkkkkkk