24 de septiembre de 2009

Arturo Duperier, un científico universal olvidado

El Sabio, así llaman a Arturo Duperier en Pedro Bernardo el pequeño pueblo donde nació, donde le recuerdan estos días. En ese rincón de Ávila, conmemoran el 50 aniversario de su muerte, un homenaje a uno de los físicos más eminentes de su época. Destacó especialmente por sus estudios de la radiación cósmica, por los cuales llegó a ser propuesto para el Premio Nobel de Física en 1958.


Hijo del boticario Adolfo Duperier Pérez, y de la maestra de escuela Eugenia Vallesa Vela, Arturo nació el 12 de Noviembre de 1.896 en el edificio que hoy ocupa el Ayuntamiento de la Villa.

Los cuchareros que así se llaman los habitantes de Pedro Bernardo no han escatimado en medios para ofrecer cinco meses de conferencias, ciclos de cine, exposiciones y otras actividades para dar a conocer el legado de este abulense, que abrió con sus investigaciones nuevos espacios a la ciencia española y universal.

Al cumplirse los 25 años de su fallecimiento, el 10 de febrero de 1.984, Pedro Bernardo, recordó con un modesto homenaje ante el sencillo monumento que en el Parque del Rollo recuerda sus paisanos la figura de aquel Don Arturo, que fue a la vez un gran científico y un hombre bueno.

Hizo su tesis doctoral bajo la dirección del también prestigioso físico español Blas Cabrera y, aunque sus primeros trabajos estuvieron orientados hacia la electroquímica, en 1934 introdujo en España el estudio de los rayos cósmicos.


Sexta Conferencia Solvay de 1930. Una de las mayores aglomeraciones de genios de la historia. Cabrera profesor de Duperier aparece en la primera fila, sentado, tercero por la izquierda.

A partir de 1930, simultaneó sus trabajos de magnetoquímica con otros sobre termodinámica de la atmósfera, electricidad atmosférica y aerología. En esta época estuvo en París estudiando electricidad atmosférica en el Institut de Physique du Globe.

Posteriormente fue encargado de la Sección de Investigaciones Especiales en el Observatorio Meteorológico de Madrid (1932). En Madrid montó una cámara de ionización para la observación de la radiación cósmica. En 1933 ganó la plaza de Catedrático de Geofísica en la Universidad de Madrid.

Partidario del bando republicano, cuando finalizó la contienda se exilió a Londres. En Inglaterra ejerció como profesor de la Universidad de Birmingham y del Imperial College. Allí continuo sus investigaciones sobre los rayos cósmicos, en las que fue una autoridad mundial al lado de el profesor Blachett, (Premio Nobel de Física en 1.948) junto al cual trabajaría durante 15 años.

 Observó los mesones mediante la construcción de un sistema original de detección y registro, de alta sensibilidad y estabilidad térmica, instalado en el metro de londinense, con el que trabajó durante toda la guerra mundial de día y de noche.

En 1.945 la Royal Society of Physics le invita a pronunciar la ‘Guthrie Lecture’, conferencia anual reservada a los más destacados científicos ingleses, y que solamente como excepción había pronunciado el profesor Albert Einstein, como extranjero invitado.


En agosto de ese mismo año la BBC, le encarga unos días después del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, explicar científicamente al mundo hispanohablante, en qué consistía la nueva arma.

 En 1953 y por iniciativa del recientemente fallecido Joaquín Ruiz Giménez se le restituye en su Cátedra de Geofísica y comienza impartir la asignatura de radiación cósmica, que alterna con importantísimos estudios que presenta en numerosos Congresos Internacionales donde es insistentemente solicitado.

  "Cortésmente" ignorado por los medios oficiales de aquel entonces, su pueblo le tributó un recibimiento cálido y sincero, una verdadera explosión de cariño que emocionó hasta las lágrimas al sabio investigador que había sido homenajeado y agasajado en los medios científicos del mundo entero.
Arturo Duperier en su visita a Pedro Bernardo. Foto Alpoma
Dos meses después de su regreso, el Departamento de Investigación Científica y el Imperial College de Londres le hicieron donación de las instalaciones que, con tanto éxito, había creado en Inglaterra, aunque por diversas dificultades, sobre todo de índole burocrática su instrumental se oxido olvidado en un almacén de la aduana.

Olvidados quedaron sus instrumentos como quedo su recuerdo, excepto para sus paisanos. Sirva esta entrada para dar a conocer la enorme figura de Don Arturo, "El Sabio".

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1 comentario:

PuesYo dijo...

Cuánta falta hace la publicación de reseñas como ésta, no sólo para este científico español, sino para tantos otros similares o gente intelectualmente valiosa y que al ser conocida, resulta inspiradora para las actuales y nuevas generaciones.