6 de marzo de 2008

Oda al priapismo

TRATADO DE VETERINARIA
Un antepasado mío,
Marcelino Valcárcel
a la sazón veterinario,
sufría de ordinario
lo que de extraordinario
otros gozamos,
pues para nada es lo mismo
que eso se ponga tieso
cuando al caso es preciso
que de continuo y duradero
vaya aquello enarbolado,
cual verga sin vela
o mástil sin bandera,
es decir, en vano.
Y es triste y enojoso
Que a uno le digan, ¡torooo!,
¡bravooo!, cuando en realidad
sufre como un pascual cordero.
Fue en una ocasión, mi tío abuelo,
que es el parentesco que nos une,
en demanda de una urgencia esquina
a ver una yegua en Funes
que cursaba una mastitis.
Como dicta el protocolo
del buen especialista
en la retaguardia del animal
tomó sus precauciones mi abuelo
para no recibir una coz precoz
aún antes de empezar.
Las manos aseadas,
el instrumental nuevo
la yegua tranquila,
y serena se extendía
una llanura Navarra
muy verde y muy limpia.
Pero de súbito, el trueno,
el acabose, el barullo,
mi abuelo Marcelino
sufrió un ataque
repentino de lo suyo.
La fuerza descomunal
rompió el dique de la bragueta
y aquella se puso dura y larga
qué digo larga, eterna como una condena,
y ligeramente curvada, eso si,
hacia la diestra.
La potranca que lo vio
con soslayo que miran las yeguas
pareció otorgar su aprobación
pues dio un relincho de contenta.
El ama que llegaba
en ese momento de la acequia
y en ausencia ya d su marido
por tres años de sus cuentas
gritó así, como posesa:
¡qué fulgor, qué hermosura,
hombre de Dios, arcángel de gloria pura,
primero a mi y luego ala burra!
Por mas razones que dio mi abuelo
intentando explicar el caso
fue lo mismo;
pues ni el ama ni la burra
entendían de enfermedades raras
Y mucho menos de priapismos.
Y así termino la urgencia equina,
en urgencias de un hospital navarro
con la rama medio tronchada
y tronchados del todo los ánimos
termino mi pobre abuelo,
aquel veterinario
que sufría de ordinario
lo que de extraordinario
otros gozamos.


Moraleja:
Cuando sufras un gatillazo
si ya andas por los cincuenta
piensa en Marcelino
y a la que tengas al lado
la dices que sumando tus manos
tienes diez priapismos.


Este tratado de Veterinaria esta escrito por : José María López Gallego .
Enrique me paso el texto, Salu2 te debo un café.