18 de enero de 2008

En busca de Bobby Fischer


Murió la leyenda del ajedrez a los 64 años. Tantos como casillas tiene el tablero.


El ajedrez le enganchó con tal fuerza, a los seis años, que su mente se convirtió en una llanura blanquinegra.

El Mundial de 1972 en Islandia fue histórico: un joven rebelde e independiente, contra el imperio soviético.

Bobby Fischer estaba como una cabra, pero era el mejor jugador de ajedrez vivo. Confirma la idea de Unamuno que, cuando le preguntaban si el ajedrez desarrollaba la inteligencia, decía que sí, sin duda: pero sólo desarrolla la inteligencia para jugar al ajedrez. En todo lo demás, Bobby era un mentecato colosal. Sus partidas, en cambio, son imperecederas.

Fue una víctima de la Guerra Fría, un poco como Marisol o Joselito fueron víctimas del franquismo: Estados Unidos le utilizó como ariete de propaganda contra la Unión Soviética y, cuando Bobby creció y empezó a decir y hacer impertinencias y extravagancias, no tuvo ninguna piedad y decidió aplastarle como a una cucaracha. Ahora le dedicarán páginas y páginas, pero la verdad es que le persiguieron sin compasión. Lo destrozaron.

El ajedrez es el más hermoso de los juegos, pero también el más cruel. Es destructivo. Fischer decía con clarividencia que "no se juega contra las piezas del contrario, sino contra su ego, para destruirlo".


Su juego es, como dice la Biblia, semejante a un breve relámpago entre dos oscuridades inabarcables.

Y sobre todo, cuando reproduzco alguna partida de Fischer, siento felicidad. Dan ganas de pedir una copa, de visitar un museo, de leer un poema, de echar un polvo, de oír un cuarteto de cuerda. Como decía alguien, todos los placeres son consecutivos, y la señal para reconocer el placer verdadero es ésa: da ganas de vivir, de sentir aún más placer, de no morirse nunca.

Eso es el arte: lucha contra el tiempo, vida contra la muerte.

Ahora voy a tomarme una copa por Bobby Fischer. Gracias a él he sido muy feliz, y con toda naturalidad, porque, como decía Fischer: "el que no mueve e4 es un gallina".

Le considero uno de los grandes artistas de la historia.

A Bobby,se le acabaron las 64 casillas.

Genial y oportuno hasta el final .