1 de junio de 2007

La verdad sobre los monstruos imaginarios




La verdad sobre los monstruos imaginarios
Perdidos en la noche de los tiempos, los primeros hombres debieron de encontrarse con restos de criaturas cuya forma y tamaño no fueron capaces de interpretar. Durante siglos, la mente de los humanos fue dando forma a aquellos hallazgos hasta elaborar un catálogo de seres fantásticos para los que la paleontología dispone hoy de una completa explicación. “Criaturas Míticas: Dragones, Unicornios y Sirenas” es el título de una interesante muestra que el Museo Americano de Historia Natural expone estos días en Nueva York, y que trata de poner orden en aquel mundo de monstruos imaginarios. La siguiente entrada pretende ser un sencillo y esquemático resumen de tan apasionante cuestión.

1. Cíclopes y elefantes

En 1924, mientras investigaba por las islas del Mediterráneo, el paleontólogo de la Universidad de Viena, Othenio Abel, descubrió la existencia de una especie de mamuts enanos en la zona cuyos cráneos poseían un gran orificio en la zona frontal. Interesado por los relatos de Homero, el profesor Abel llegó a la conclusión – hoy ampliamente aceptada – de que aquellos cráneos habían inducido a los griegos a creer en la existencia de unos seres de gran tamaño provisto de un único y enorme ojo frontal: los cíclopes.



2. Dinosaurios y dragones

Sobre las extensas llanuras del desierto de Gobi, los primeros moradores de Mongolia debieron descubrir las enormes columnas vertebrales de los velociraptores, aún abundantes en la zona. Las formas alargadas de los fósiles indujeron probablemente a los chinos a creer en la existencia de gigantescas criaturas en forma de serpiente que hoy día conocemos como dragones. La creencia en estos seres se extendió también a Europa donde, bien entrado el siglo XIV, la localidad austriaca de Klagenfurt todavía exhibía en su plaza principal el cráneo de un rinoceronte de la edad de Hielo como si se tratara de la cabeza de un dragón.




3. Sirenas y manatíes

Sugestionados por la visión de vacas marinas y manatíes, los marineros de todas las épocas creyeron distinguir entre las aguas la figura de bellas sirenas. En 1493, mientras navegaba cerca de Haití, el propio Cristóbal Colón informó de la visión de tres sirenas y anotó en su diario que, vistas de cerca, aquellas criaturas no parecían tan hermosas como se las describía.





4. Unicornios y narvales

Durante muchos años, los cuernos de narvales capturados en aguas del Ártico circularon por las cortes europeas medievales como la prueba irrefutable de la existencia de los unicornios. Su cuerno, largo y torneado, era apreciado por su poder simbólico y por poseer todo tipo de propiedades mágicas y curativas.





5. Protoceratops y grifos

El mítico grifo – animal con cuerpo de león y cabeza de águila – fue ampliamente descrito por autores como Herodoto, Esquilo o Plinio el Viejo, quienes lo ubicaban en las montañas de los escitas, donde custodian ferozmente el oro. La semejanza física del grifo con los restos de Protoceratops encontrados en la zona no resiste comparación.



6. Monstruos marinos

Hasta mediados del siglo XVI numerosas cartas de navegación incluían ilustraciones que advertían a los marinos sobre la presencia de distintos monstruos del mar. Peces gigantescos y criaturas capaces de mandar un barco a pique de un solo zarpazo figuran en algunos de los mapas que han sobrevivido, aunque quizá el más conocido y temible sea el Kraken, el horrible monstruo que – según sabemos hoy – pudo estar inspirado por el avistamiento de calamares gigantes en alta mar.




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