28 de febrero de 2015

El día que la ciudad de Los Ángeles descubrió la Vía Láctea



Madrugada del 17 de enero de 1994, el área norte del Valle de San Fernando en la ciudad de Los Ángeles, sufre el Terremoto de Northridge, como se le denominó rápidamente. Un sismo de 6,7 en la escala de Richter, que causó 72 muertos, 12.000 heridos y pérdidas por 25 mil millones de dólares.

Imagen de Los Ángeles sin contaminación lumínica. Foto creada por Thierry Cohen.

La aceleración terrestre fue la mayor jamás captada en un área urbana estadounidense y provocó un apagón eléctrico o blackout que dejó gran parte de la ciudad a oscuras. Durante esa noche la policía recibió cientos de llamadas de ciudadanos preocupados por una curiosa nube plateada que veían en el cielo. Muchos residentes llamaban angustiados a los servicios de emergencia diciendo que estaban viendo una "extraña y gigantesca nube plateada” en el cielo oscuro.

Comparativa del cielo nocturno en Goodwood, Ontario, antes y durante el apagón del 14 de agosto 2003.  



Lo que en realidad estaban viendo –por primera vez– era la Vía Láctea, borrada desde hacía mucho tiempo por el resplandor del firmamento urbano. Incluso algunos llamaron preguntando si la repentina aparición de las estrellas y de una “nube plateada” (¡la Vía Láctea!) había provocado el terremoto. Las luces de la ciudad habían convertido nuestra galaxia (ese lugar que sabe a frambuesas y huele a ron) en un recuerdo y prácticamente se había convertido en una leyenda urbana.

Una curiosa historia que apareció en el número de enero de 2009 de la revista científica Environmental Health Perspectives (Extrañando la oscuridad. Los efectos de la contaminación lumínica sobre la salud), medio académico del Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental.

Como contó a 'Los Angeles Times' Ed Krupp, director del Observatorio Griffith durante las últimas cuatro décadas: "después del terremoto de Northridge gran parte de la ciudad quedó a oscuras, y en el observatorio comenzamos a recibir llamadas de gente con pánico sobre el extraño cielo." La policía local informó de llamadas similares en los que muchos angelinos despertados por los temblores, a las 4:31 a.m. preguntaban por el cielo extraño que habían visto después del terremoto.

La cuenta en twitter @RealTime94Quake que rememora aquella catástrofe también recuerda  aquellas llamadas de gente asustada:


Se estima que nuestra propia galaxia es invisible al 80% de la población mundial debido a la contaminación lumínica que sufrimos. En condiciones de oscuridad, el ojo adaptado a la oscuridad de una persona puede ver la luz de una vela a más de 10 kilómetros de distancia. Pero para la mayoría de los grandes centros urbanos del mundo, el poder ver las estrellas es algo que ocurre solo en un planetario.

Vídeo A Journey into the Unseen que explica las maravillas del cielo nocturno que muchas personas no pueden ver:


Vía Light Pollution Hurts the Night Sky for Astronomy
Missing the Dark: Health Effects of Light Pollution
La importancia del cielo oscuro
Light pollution
Business impact of the Northridge Earthquake
How Light Pollution Clouds the Night Sky
A desert plea: Let there be darkness
Helping the Stars Take Back the Night

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Galaxias en una copa de vino
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3 comentarios:

Diego González dijo...

Lo siento mucho pero la historia es una leyenda urbana y la foto de L.A. con la vía láctea es un montaje:

http://adictamente.blogspot.com.es/2014_05_06_archive.html

eLzO dijo...

La historia es cierta como recogen medios locales, aunque con el paso de los años se exageró y se paso de unos cientos de llamadas a una psicosis colectiva.

Y efectivamente la imagen es una recreación del fotógrafo Thierry Cohen que enlazo en la foto.

Muchas gracias Diego por comentar.

Javier dijo...

Es como si yo llamo a la Policía la primera vez que vea un rascacielos porque nunca he visto ninguno. Una cosa es no haberlo nunca y otra no saber que existe o, incluso así, pensar que es algo extraño.
Todos sabemos que los yanquis son bastante estúpidos con todo lo que no es parte de su país, pero esto ya es pasarse.